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RICARDO ZAMORA MARTÍNEZ

25 julio 2009

EL DIVINO

 

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Hablar de Ricardo Zamora es hablar de un mito del futbol y del futbolista más universal que el conjunto espanyolista ha tenido jamás, junto a Di Stéfano, pero con la salvedad que don Ricardo, se forjó en el conjunto blanquiazul y Don Alfredo vino de retiro en el conjunto de Sarrià. De hecho, según cuentan en la vida sólo han existido 2 porteros: San Pedro en el cielo y Don Ricardo Zamora en la tierra.

COMO JUGABA

Muchos se preguntan que como jugaba el astro barcelonés. Primero de todo, Ricardo tenía todo lo que buen portero deseaba: Una estatura de más de 1,80, brazos largos y manos grandes. Aunque su físico era envidiable, lo que destacaba más de él era su conocimiento del juego, muchos de los balones que paraba era por estar en el sitio justo y el momento adecuado, más que por estiradas a la desesperada (llamadas plongeons en aquella época)  de los disparos rivales. También dominaba el juego aéreo, balón bombeado al área era suyo y si el delantero contrario cargaba (estaba permitido cargar al portero, por aquel entonces), él hacia lo mismo con la ventaja de utilizar las rodillas y las manos.

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Todas estas virtudes, se sumaba su capacidad de liderazgo, mandaba a sus compañeros como si de un director de orquesta se tratara, los colocaba, les decía cuando tenían que cubrir el lateral o entrar a un rival. Zamora era un espectáculo él sólo. Con que su equipo marcara un gol, se cantaba ya la victoria. Se hizo muy popular entonces y que aún se escucha, el dicho “1-0 y Zamora de portero”.

El carisma y su calidad era tan por encima de la época que vivió, que tenía comida la moral a la mayoría de delanteros. Un ex-compañero suyo, Vicenç Tonijuán (autor del primer gol en el Estadio de Sarrià), cuando se enfrentó frente a él, siendo delantero del Terrassa y El Divino defendiendo la puerta del Barcelona, comenta: “Me enviaron un balón largo y me plante sólo ante la puerta, con el convencimiento de marcar gol. Cuando llego al área veo a Zamora que sale. Súbitamente me asalta un fatal presagio: me la quitará, me la quitará… me la quitó“.

LA ZAMORANA

Como hemos dicho, en su época estaba permitida la carga al portero, entonces Zamora para evitar contactos continuos con los rivales, el legendario cancerbero patentó el despeje del balón con el codo, doblado el brazo. La jugada básicamente consistía en repeler el esférico cuando éste llegaba a la altura del tórax, propulsándolo con el antebrazo hacia adelante en movimiento semejante a un codazo, en lugar de recoger el balón con ambos brazos contra el pecho. A este despeje se le bautizó como “la zamorana”. Devolvía el balón con enorme potencia fuera de sus dominios.

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Zamora se prepara para ejecutar la zamorana

Despejar la pelota antes de recibir la entrada de los rivales evitaba encontronazos y una más que segura visita a la enfermería. Además, no hay que ocultar que la jugada tenía su factor psicológico hacia los atacantes rivales, ya que evitaba que le presionaran, lo que podía ser muy útil para minar su moral, en aquellos lejanos tiempos donde, no lo olvidemos, el orgullo era un gran valor dentro del concepto romántico y aventurero que tenían del fútbol la mayoría de sus practicantes.

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Zamora tras golpear el balón con el codo

Como surgió este particular despeje. A Zamora se le ocurrió en los entrenamientos, pues era común que los entrenadores ordenaran el lanzamiento continuo e incesante de chuts a los porteros, para que el arquero mejorara su capacidad de reacción y se agilizara. Por ello, Zamora para ganar tiempo utilizaba a menudo el método de la zamorana, ya que era más rápido que intentar blocar el balón.

SUS INICIOS

Nacido en la Ronda de San Antoni, cerca de la plaza de Sepúlveda, el 21 de enero de 1901, Ricardo Zamora Martínez. Sus padres ambos emigrados a Catalunya, don Francisco y doña Amparo, dieron vida a dos hijos más, bautizados con los nombres de ambos, pero los dos murieron. La hermana, en la espantosa epidemia de tifus que asoló Barcelona y su hermano en 1928. Los primeros años de la vida de Ricardo transcurrieron en un ambiente plácido, tranquilo y lleno de atenciones, al proceder de una familia acomodada, criándose en un ambiente medio burgués. Su padre, doctor en Medicina, alicantino de nacimiento, podía sostener la familia holgadamente y quería que su hijo siguiera sus propios pasos. Se mudaron de casa, Ricardo tenía diez años y empezaba el Bachillerato (el «grado como se le llamada entonces). En aquellas fechas vivían en la calle Diputación, 178 y el chaval cursaba sus estudios en los Escolapios de la Ronda de San Antoni, luego empezó primero de Medicina que ya no terminó, porque se interpuso el fútbol.

SU AFICIÓN POR EL FUTBOL

Su afición nació gracias a su vecino Armet Pakán, futuro compañero en el Espanyol, que le “envenenó” al futbol, viendo jugar a sus compañeros con tanto entusiasmo y quizás, también la negativa rotunda de su padre. Esta privación paterna le ocasionó muchos disgustos y reprimendas, sobre todo cuando aparecía sudoroso, con rasguños y con los zapatos rotos. A menudo su padre lo iba a buscar en el campo de juego en la plaza Sepúlveda y a veces los propios jardines de la Universidad, para que no fuera la admiración de los transeúntes por la valentía de sus plongeons o la furibundez de sus chuts.

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Armet Pakán, vecino de Zamora, le aficionó al futbol

EMPEZÓ DE DELANTERO

Ricardo, dentro del Instituto donde cursaba sus estudios formó varios equipos de fútbol que jugaban entre si y en uno de estos encuentros se produjo el momento crucial en la vida de Zamora. Con tan sólo ocho años, al disputar un balón con un jugador adversario, para chutar la pelota lo hizo con tan mala fortuna que la patada la recibió Zamora en la misma planta de su pie. Ricardo no hizo caso a pesar de las molestias que le producía el hinchazón que se le estaba produciendo en el pie e incluso en la pierna. Seguía jugando pero con unos dolores terribles, hasta que un día, al llegar frente al portal de su casa, entonces la familia ya se había trasladado al número 271 de la calle de Córcega, se desmayó, Lo recogieron y lo llevaron al piso donde avisó urgentemente a su colega y amigo el doctor Raventós, vecino y gran cirujano. Dicho médico le hizo una rápida punción para evitar una probable gangrena. Ricardo tuvo que guardar cama más de dos meses, soportando curas dolorosas, que le llegaron a hacer promesa a sus padres de que no volvería a jugar al fútbol. Pero cuando empezó a salir a la calle y se le puso delante de los ojos, en el suelo, una pequeña pelota de trapo, instintivamente chutó. Había nacido, otra vez, el futbolista.

Totalmente curado, volvió la actividad futbolística de la calle. Armet Pakán era un buen amigo de la familia, por vecindad, y le puso en contacto con los dirigentes del Centro Católico del barrio, que disponían de un pequeño campo, de no más de 40 metros de largo, en donde Zamora realizó sus primeras exhibiciones serias, con sus primeras botas de fútbol que compró a un amigo por cinco pesetas.

Jugaba de delantero centro y alternaba el fútbol con otros deportes como el boxeo, la natación, la pelota vasca y el atletismo, donde pronto despuntó en las carreras de medio fondo y saltos. Tras disputarse un torneo entre los diferentes conjuntos de Centros Católicos en lo que su equipo se proclamó campeón, varios jugadores se independizaron y formaron un club con el nombre de Canigó. Poca vida tuvo este equipo, ya que la mayoría que lo integraban optaron por pasarse al Barcelona y entre ellos, Zamora. El muchacho continuaba jugando de delantero centro, pero un día, cuando el equipo infantil del Barcelona estaba a punto de salir al campo para jugar el campeonato contra el Internacional -club sansense que fue cuna de grandes jugadores, (Samitier, Sancho y Ciera entre otros) – no compareció el portero y le pidieron a Zamora que ocupara el puesto y aceptó. En este partido se dio un caso interesante de destacar. En el equipo sansense jugaba de delantero Pepe Samitier, que era un muchacho delgadito y espigado, pero que por su dominio del balón, su habilidad en el regate y su intuición en las, jugadas, se había hecho popular entre los equipos infantiles barceloneses. Aunque no como Samitier, si no como «Pears» que era el nombre del famoso delantero centro del «Notts County», equipo profesional inglés, que hacía poco había jugado contra el Barcelona. Samitier le marcó dos goles a Zamora, pero pese a ello, el novato cancerbero tuvo una feliz actuación, tanto que los responsables del equipo lo mantuvieron durante mucho tiempo como titular en la portería del primer infantil del Barcelona.

Una grave enfermedad de su padre le obligó a satisfacer los deseos de doña Amparo, su madre, y se dio de baja como jugador del Barcelona. Una vez repuesto el marido, la señora Zamora le dijo a Ricardo que si quería volver a jugar al fútbol ella no ponía ningún inconveniente y Zamora tras reemprender los estudios y volver a asistir a las clases, se integró, junto con otros compañeros en el Universitari, donde jugaban los hermanos Armet (Kinké y Koki), Lasplazas Torrents, Alemany, etc. Pocas oportunidades tuvo Ricardo a los 13 años, ante este nutrido ramillete de «ases», pero el chaval era constante y acompañaba al equipo a todos los partidos que disputaba. En cierta ocasión, faltó el portero y le pidieron a Zamora que les sacara del compromiso, fue tal su éxito que el presidente del Universitari, le propuso fichar por el segundo equipo. Su debut, contra el España, lo consagró y después de haber actuado por la mañana, lo fueron a buscar a su propio domicilio. Zamora nos recuerda en el Libro del 75 aniversario del RCD Espanyol esa efeméride: “Tenía 14 años. Una mañana jugaba de portero con un equipo de estudiantes, que habíamos formado sólo para esa ocasión. Los del Universitari me vieron y por lo visto pensaron que podía serles útil. Al acabar, me preguntaron si me gustaría jugar con ellos. Me dio un vuelco el corazón: ¡Jugar en el Universitari! Dije, naturalmente, que si. Me propusieron: Pues ven esta tarde. Mi sorpresa fue enorme, ya que el Universitari jugaba nada menos que contra el Barcelona. Era habitual que los culés golearan ampliamente al Universitari, que siempre solía marcar algún gol, gracias a la habilidad de Armet Kinké, que luego jugó en el Espanyol y en el Sevilla, donde fundó la llamada “escuela floreada sevillana”. Aquella tarde pensé que sería una auténtica debacle. Jugué muy nervioso en el primer tiempo y encajé cuatro goles. Luego me serené y en la segunda mitad ya no me marcaron, mientras Armet Kinké marcaba su golito de rigor. Total, que me quedé en el Universitari”.  Como curiosidad histórica, el once del conjunto del Universitari que jugó frente al Barcelona el 14 de abril de 1916 en Reus estaba formada por: Zamora, Pedret, Batlle, Alemany, Mato, Farré, Canals, Koki Armet, A. Kinké, Arbelaiz y Ribera.

FICHA POR EL RCD ESPANYOL

Finalizado el Campeonato de Cataluña jugado con el Universitari, el dirigente del R. C. D. Espanyol, José María Tallada, solicitó a los directivos del club que pertenecía Zamora, le cedieran para reforzar el equipo que tenía que hacer una «tournée» por Madrid. ¿Cuál no fue la sorpresa que se llevó don Genaro de la Riva al ver aparecer en la estación de Francia, momentos antes de tomar el tren, a un muchacho alto, espigado, pero… con pantalones cortos? Rápidamente se trasladaron a unos almacenes cercanos y Zamora lució en su primer desplazamiento a la capital, unos flamantes pantalones largos, ya que para Don Genaro la imagen de un jugador del Espanyol no podía ser la de llevar a un crio con pantalones cortos.

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Un joven Zamora con la camiseta del RCD Espanyol

Era el 23 de abril de 1916 cuando se realizó el primer encuentro en el viejo campo del O’Donnell. En la portería Zamora y el resto del equipo lo integraron Pakán, Sampere, Pueo, Urgell, Lemmel Alvarado, López, Vergés, Usobiaga y González. Se empató a un gol y el periódico «España Deportiva» del día siguiente se escribía la siguiente crónica: «De portero ha debutado en el Espanyol un  chiquillo que se llama Zamora, que ha parado las pelotas que le han tirado con todos los estilos imaginables y con la misma facilidad que si bebiera un vaso de agua». Si quieren saber más de las aventuras, les recomiendo estos dos brillantes capítulos de los historiadores del club blanquiazul Jordi Puyaltó y Xavier Boró realizados en Pericos Online:

CAPÍTULO I

CAPÍTULO II

De vuelta de la mini gira con el Espanyol, Zamora volvió al Universitari, sabiendo que el equipo estudiantil ya se le había quedado demasiado pequeño para su enorme talento. De manera que poco después pasó a formar de manera oficial como jugador del Espanyol, relegando definitivamente a uno de los primeros iconos del club blanquiazul, Pere Gibert “El Grapes”, e ídolo de Zamora. Don Ricardo permaneció tres años en las filas espanyolistas. En la temporada 1916/17, que fue bastante tempestuosa, el club alcanzó el subcampeonato de Catalunya, siendo su puerta la menos batida. El siguiente año llegó su primer título de Catalunya, donde los periquitos no perdieron ningún partido y el mito de Zamora empezaba a emerger, ya que su nombre iba de boca en boca y su figura aparecía con frecuencia en los periódicos. El equipo titular blanquiazul en esa campaña era el formado por: Zamora, Pakán, Amadeo, Pueo, Blanco, Urgell, Reichi, Pereña, Gracia, Alfaro y Verges. Su tercera campaña como espanyolista, estuvo marcada por una indisposición de Zamora, unida por una polémica sanción al delantero Zabala y la baja de Julià, hecho que provocó que se perdiera frente a un rival asequible como el Internacional y el título regional fuera a parar a las vitrinas del Barcelona por un solo punto de diferencia, pese que en los enfrentamientos directos los blanquiazules quedaron invictos.

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Zamora en acción en un derbi

FICHA POR EL ETERNO RIVAL

Su padre, el bueno de don Francisco, viendo que Ricardo desatendía los estudios para dedicarse al fútbol, le pidió que dejara esta actividad y tomara con mayor interés la carrera de medicina que ya había iniciado. También el R.C.D .Español por aquella época, pasaba por ciertos momentos de malestar interno y Zamora, un tanto decepcionado, abandonó el fútbol competitivo, hecho que le provocó una profunda depresión. Su gusanillo por el futbol nunca murió y se hizo socio del Barcelona, reuniéndose los fines de semana con varios amigos, que cada domingo jugaban en plan aficionado en el cuarto equipo que se había formado en dicho club. La “fama” de Zamora ya había rebasado los límites del anonimato y los directivos del Barcelona, sabiendo que el extraordinario portero estaba en sus filas le propuso tentadoras ofertas para que se incorporara al primer equipo azulgrana, pese a las primeras negativas del jugador, finalmente accedió y regresó a la actividad competitiva y en el mes de mayo de 1919, volvió Zamora a reemprenderla como suplente de Luis Bru, el gran guardameta que defendió muchos años la meta del Barcelona. El primer partido que disputó Zamora con el equipo azulgrana, fue con el reserva y frente al Badalona, después su presentación oficial en el primer equipo fue el 31 de mayo de 1919, contra el equipo profesional inglés Crock Town y luego defendiendo la meta de este equipo contra el equipo también profesional el Civil Service o también llamados los “Aliados”, una selección entre jugadores belgas, holandeses y luxemburgueses, naciones que habían resultado victoriosas en la I Guerra Mundial. Se les había lesionado el portero, y el Barcelona accedió a que se alineara con ellos. Zamora jugó un partido magnífico y el Crock Town ganó por uno a cero, gracias a la defensa que hizo Ricardo de su marco. Lo acredita la actitud de los jugadores ingleses en cada una de sus intervenciones y de manera especial al final del partido, con sus abrazos y llevándole en hombros como a un torero, hasta los vestuarios. Además, la directiva del club inglés le envió un escrito elogiando su comportamiento y una medalla de oro, en prueba de agradecimiento.

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Foto de Zamora con la zamarra culé, dedicándola a su buen amigo y mentor Pere Gibert “El Grapes”

En la siguiente temporada 1919-20, Bru se retiró definitivamente, después de la final de Copa, que se perdió ante el Arenas de Getxo por 5-2 en el campo del Racing madrileño.

Zamora pasó a ocupar la plaza de Bru y después de proclamarse campeón de Cataluña logró el título de campeón de España, imbatido en toda la temporada. De la final de Copa de 1920, que se jugó en Gijón al día 2 de mayo contra el Ath. de Bilbao, Zamora guardó un imperecedero recuerdo puesto que sucedió un caso inédito en los anales del fútbol. Habían transcurrido 30 minutos de juego cuando el defensa azulgrana, Galicia, incurrió en penalty, que el árbitro Beltrán de Lis, el mejor colegiado español del momento, no titubeó en señalarlo. Ante gran expectación, Laca, de tiro por alto, batió a Zamora. Pero al lanzarse el castigo se había adelantado un jugador bilbaino y la jugada queda anulada. Efectivamente, el árbitro pitó, pero cuando todos esperaban la repetición de la pena máxima, el señor Beltrán de Lis se desconcertó al ver que Zamora ponía el balón en el lugar donde se adelantó el jugador vasco y precipitaba a su compañero de equipo, Coma, para que pusiera la pelota en juego. Beltrán de Lis, quizá por el nerviosismo, o por la sugestión de Zamora al actuar con tal rapidez y naturalidad, hizo proseguir el juego y el Barcelona al final se proclamó campeón de España al vencer al Athletic por 2-0.

NACE LA SELECCIÓN EN LOS JUEGOS DE AMBERES

Aquel mismo año, Zamora debutaba en el campo internacional coincidiendo con el primer partido de la selección española de toda la historia. Fue en los Juegos Olímpicos de Amberes, el 28 de agosto de 1920, donde España consiguió una meritoria medalla de plata.

El debut fue frente a Dinamarca, donde España venció por 1-0 y Ricardo hizo el mejor partido de su vida. Patricio logró el gol del triunfo. Jugaron Zamora, Otero, Arrate, Samitier, Belauste, Eguiazábal. Pagaza, Sesumaga, Patricio, Pichichi y Acedo. Cuando terminó el partido los jugadores daneses acudieron en masa a la portería española para felicitar a Zamora, al que quisieron pasear en hombros. Había nacido el «Gran Ricardo».

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La Selección, poco antes de acudir a Amberes. De pie (izquierda a derecha): Sancho, Eguiazábal, Vallana, Samitier, Ricardo Zamora y Arrate. Agachados: Moncho Gil, Sesúmaga, Patricio (el autor del primer gol en la historia del equipo nacional), Pichichi y Chomín Acedo (hermano del bisabuelo de José María Aznar).

LA FURIA ESPAÑOLA

La llamada Furia Española, se gestó en los Juegos Olímpicos de Amberes en el partido contra Suecia. ¡Y vaya encuentro! Fue una batalla campal. Los escandinavos no jugaban bien al fútbol, pero dando estopa eran unos maestros. Suecia empezó dando fuerte, rodillazos, planchazos, entradas desmesuradas y un montón de cargas a los españoles. España no se sentía cómoda y a raíz de ello, los nórdicos se avanzaron en el marcador gracias a su ariete Dahl, acabando así el primer tiempo.

En la segunda parte, España despertó y utilizó la llamada Ley del Talión, el del ojo por ojo. Más que futbol se vio una batalla campal —Muchachos, ¡al hombre, al hombre!, ¡Aupa, Aupa!— Era el grito incesante de Belauste para animar a sus compañeros. Suecia fue castigada con un golpe franco. Sabino era el encargado de ejecutarla y mientras Belauste le gritaba: “A mí, a mí, Sabino, que Los arrollo!”. Sabino lanzó el balón sobre Belauste que, con el pecho se la llevó hasta la red, arrastrando por delante suyo al guardameta y a dos defensas, haciendo honor a la que llamaron furia española. España logró la victoria por 2 a 1, gracias al gol de Acedo. Los suecos pudieron igualar el resultado al ejecutar un penalti con que fue castigado el equipo español casi al final del partido, pero Olsson lo lanzó muy lejos de la portería, por lo que recibió la irónica felicitación de Samitier. Comentar que el partido acabó con sólo 15 hombres en el terreno de juego (ocho por España y siete por Suecia), eso lo define todo de la dureza del mismo.

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 España: Zamora, Vallana, Arrate, Samitier, Belauste (capitán), Sabino, Pagaza, Sesúmaga, Patricio, Pichichi  y Acedo.

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Suecia: Zander, Nordesnskiold, Lund; Oijermark, Vicksell, Gustavson, Begrstrom, Olsson, Karlson, Dahl y Sandberg.

Árbitro: Giovanni Mauro (Italia).

Goles: 0-1 (25′): Dhal. 1-1 (50′): Belauste. 2-1 (75′): Acedo.

Incidencias: Partido correspondiente a los Juegos Olímpicos de Amberes. Los suecos se habían retirado de la competición, pero un día antes anunciaron su presentación en el partido, y el ambiente entre los dos equipos estaba muy caldeado. Además, los jueces de línea eran un español- Manolo de Castro, directivo del equipo y cronista deportivo- y un sueco, lo que no contribuyó a tranquilizar la situación. Por España debutó Sabino.

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José María Belauste autor de la mítica frase de la Furia Española

ÚNICA EXPULSIÓN DE ZAMORA

En el partido frente a Italia, correspondiente a los Juegos Olímpicos de Amberes, donde España se impuso por 2-0, el arquero Zamora vivió su única expulsión de su carrera deportiva. Según comentó el propio guardameta el ariete Baldini iba a por él continuamente. En una jugada le dio una patada en la rodilla que le hizo ver las estrellas al portero español, Zamora tras esa patada reaccionó con muy malas pulgas, tumbando de un puñetazo al delantero transalpino. El árbitro se vio obligado a expulsar al guardameta español.

VUELVE A CASA

En 1922, los clubs eran totalmente amateurs, pero los jugadores no tanto. Zamora era de los que menos cobraban en el Barcelona y reclamó una mejora salarial. Le prometieron arreglárselo, pero llegó el verano y en el momento de estampar su firma nadie le dijo nada. Exigió el cumplimiento de la promesa. No le hicieron caso y, disgustado, se negó a firmar. El Espanyol, atravesaba por aquellos momentos una fuerte crisis. Los hermanos Victoriano y Genaro de la Riva afrontaron la situación y al enterarse que Zamora no había firmado por el Barcelona, intentaron recuperarlo para su club y Ricardo aceptó. Por prima de fichaje recibiria 20.000 pesetas que serían depositadas en un Banco a nombre de sus padres, y 1 .000 pesetas mensuales, a más de una colocación como corredor de algodón de la casa Riva y García que le aseguraba una cantidad superior al sueldo del club, pero que hubo de dejarlo, porque los clientes barcelonistas dejaban de comprar y Zamora resultaba un «corredor» poco productivo.

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Zamora saliendo de puños ante un atacante del Europa

Todo parecía indicar que Zamora empezaría la temporada defendiendo los colores blanquiazules de su nuevo club, pero salió la Federación Catalana con un acuerdo adoptado antes de iniciarse la competición en la que se descalificaban, desde 1 de septiembre hasta finales de noviembre a los jugadores Zamora, Sanahuja, Carulla, Planas, Gullarons y Bosch, por haberse inscrito por más de un club.

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Zamora, todo un carácter

Aquella decisión fue una auténtica bomba. La de tinta que hizo correr el famosísimo «caso» Zamora. Lo curioso de todo ello es que la Federación Española revocó el cástigo que se le había impuesto a Zamora, por parte de la Catalana y ello produjo una cierta tirantez entre ambos organismos, con amenazas, por parte de la catalana, de separarse de la Española. Lo cierto es que Zamora, que por la Española no estaba descalificado, defendió la puerta de España frente a Bélgica y Francia y se alineó en las filas de la selección catalana frente a Asturias en el Campeonato Nacional. Con este tira y afloja, Zamora fue recalificado y volvió a jugar con el Espanyol, y en esta ocasión contra el Barcelona, club que recurrió de nuevo el fallo y la Española, una vez cumplimentados sus compromisos internacionales, volvió atrás de su decisión y anuló todos los encuentros que intervino, defendiendo los colores blanquiazules, en fin toda una cacicada.

Por este motivo, Zamora se dedicó a hacer «bolos» bastante productivos, llegando a cobrar mil pesetas por partido y de esta manera se mantenía en forma. Por fin, el día 7 de junio de 1923 llegó el acuerdo federativo en el que Zamora pasaba a ser oficialmente jugador del Espanyol.

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Famosa foto de Zamora en el Gol Sur (El Chalet) de Sarrià, en un césped nevado y don Ricardo sufriendo las consecuencias del frío

EL MITO

Ya ha asentado en su club, Zamora agranda día a día su enorme leyenda. El Espanyol ha de jugar continuamente partidos de exhibición por España y por el extranjero para lucir a su gran figura, ya que la fama del cancerbero alcanza límites insospechados. El Espanyol aprovecha la situación por cobrar 7000 pts por amistoso, gracias a la presencia del cancerbero barcelonés, pero el que por una banda era un gran negocio, por otra supuso que el club descuidaba la competición oficial, que dejaba en manos, demasiado a menudo, del equipo teóricamente suplente. Hecho que a veces parecía que los jugadores blanquiazules eran más vedettes que se exhibían por todas partes, que un equipo de futbol dispuesto a ganar títulos. De este modo, muchas ciudades tuvieron la oportunidad de disfrutar del mito: El 3 de noviembre de 1923 se inauguraba en nuevo campo d´El Sequiol, propiedad de C.D. Castellón, todo un acontecimiento a la provincia; el año 1927 el Almeria jugaba contra el Sidi Bel Abedessian de la ciudad de Oran, y por llenar el campo de Regocijos contrataron Zamora por dos partidos para reforzar los andaluces, pero esta vez un choque con uno de los africanos le costó unas cuántas muelas; por celebrar la fundación del Elche, también se cedió a Zamora para integrar sus filas en un par de partidos contra el Real Madrid; y así mil y una veces. Era la época de la compra de terrenos de Sarrià, y debido a los graves problemas económicos del club, las obras avanzaron muy lentamente. Zamora no pudo inaugurar (Vilarrodona ocupó el lugar del sancionado), pero sí sufragar a lo grande parte gracias a las giras que con él como reclamo hizo el club, tanto las nacionales, la portuguesa de 1924, la sueca del 1929, como la de Sudamèrica del 1926 por financiar la tribuna del campo, de dónde volvieron como héroes y siendo recibos por las autoridades de la ciudad, con las arcas bien llenas pero con un lamentable abandono de las competiciones oficiales locales.

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Zamora levantaba pasiones por donde pasaba

La gira por América fue célebre y ochenta años más tarde de aquella efémeride, restan muchos escritos y recordatorios del paso del club blanquiazul y de Zamora por Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Cuba, etc. Por ejemplo, en la gira americana en el año 1926, al jugador del Nacional de Montevideo, Piendineni, le regalaron un chalet en las afueras de Montevideo por batir al mítico portero y darle con aquel tanto la victoria al conjunto charrua.

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El Espanyol, con Zamora al frente, haciendo las Américas

Tampoco cabe ocultar que a don Ricardo Zamora le gustaba aparentar y su figura chulesca era incluso reconocida por él mismo. Salía siempre el últtimo de los vestuarios, iba siempre con una impecable vestimenta: gorra, buen jersey de cuello alto, guantes, rodilleras y tobilleras, además de un muñeco que era su talismán, de hecho, en un partido se descuidó de llevarlo y se mostró inseguro durante todo el encuentro. Otra muestra de su gusto por la ostentación fue cuando Don Genaro de la Riva le regaló un descapotable que el portero lucía con todo orgullo y se hizo casi tan famoso como él. La magnitud del estrellato del portero espanyolista era tan grande, que incluso en casas perdidas en los Andes entre Argentina y Chile, su figura era reconocida y le pedían autografos.

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Zamora y su inseparable mascota

Pese a su enorme fama, Ricardo Zamora también recuerda en el Libro del 75 aniversario del RCD Espanyol una anécdota graciosa con el torero, muy famoso en aquella época, Juan Belmonte, en un restaurante de Madrid. Ambos estaban cenando, en mesas separadas, y de repente un mozo del local empieza a vocear el nombre de Juan Martínez, el cual había recibido una llamada. Ni corto ni perezoso, el mozo preguntó al torero si era Juan Martínez, con la incredulidad de los presentes, y la sonrisa socarrona de Zamora. De repente, el muchacho al obtener la obvia negativa se acercó a la mesa del Divino y le hizo la misma pregunta, con la sorpresa de todos. Belmonte y Zamora se miraron mutuamente extrañados y exclamando ¡No somos nadie!, parecía imposible pero había alguien que desconocía la existencia de esos dos mitos.

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Zamora luciendo su descapotable con su buen amigo Samitier

Miles de anecdotas aguardan la legendaria figura del extraordinario portero, una de las que recordaba el mito fue el que realizó por la localidad de Calella. Para el pueblo fue todo un acontecimiento y no había una pared sin su rostro anunciando su llegada. Fue recibido por el alcalde, el médico, el farmacéutico, el cura y el comandante de la Guardia Civil, acompañados por centenares de personas que querían ver al ídolo de cerca. Ante tanto bullicio, una anciana de la localidad se acercó a la comitiva y pregunto en catalan: “Qui és en Zamora?” Don Ricardo, con naturalidad contestó que era él, con que la mujer le observó detenidamente y con cierto desencanto le contestó: “Doncs, si és igual que els altres”.

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Zamora (El segundo de la derecha, en la parte superior de la imagen) fue invitado para jugar con el equipo de Waterpolo del Masnou, un amistoso en la Fiesta Mayor de la localidad, El Divino no tuvo ningún problema en aceptar la oferta.

LAS DAMAS PRIMERO

Zamora cuenta que la vida deportiva no siempre les guardaba todos los honores y que los viajes no eran siempre de color de rosa. En un desplazamiento a Vigo en tren, los jugadores pudieron coger asiento de milagro, ya que el comboy estaba arrebosar, pero a mitad de trayecto se subieron unas mujeres cargadas con grandes cestas, hecho que a varios jugadores del Espanyol les peso su caballerosidad, entre ellos Zamora, y cedieron los asientos a dichas damas, con la esperanza que se apearan pronto, para poder recuperar sus asientos. Pero desgraciadamente, esas mujeres se bajaron en Redondela, hecho que les costó pasar la noche de pie en el trayecto para Vigo. A pesar de ello, ganaron el encuentro.

LA PELA ES LA PELA

Otra de las múltiples y simpáticas anécdotas del legendario guardameta español, es cuando fue invitado a una escuela de Barcelona, junto a otro mítico portero espanyolista, don Albert Martorell, a una conferencia. El Divino cuando llegó su turno de hablar, su charla se alargó mucho más de lo que estaba previsto, restando aún el turno de ruegos y preguntas de los asistentes. Martorell, harto de tanta verborrea de Zamora y aprovechando una pequeña pausa, le llamó la atención:

Ricardo, venga ya, que llevamos casi una hora aquí.

Calla, calla, – contestó Zamora -, aquí cobramos por el tiempo que estemos charlando y pienso estar un rato más haciéndolo.

BOICOT EN VIC

En un partido de fiesta mayor en la capital de Osona, Vic, el equipo lugareño contrató a un combinado de futbolistas del FC Barcelona para enfrentarse al equipo local. El Vic para ver reforzado su equipo solicitó al Espanyol que le cedieron a su estrella, Ricardo Zamora, a cambio de una suma de dinero para el jugador. Los jugadores en la mañana del partido se enteraron de la notícia por el mismo Zamora, hecho que les mosqueó de gran manera y se dirigieron al presidente del Vic para pedir una cantidad por jugar ese amistoso. Dicha petición fue denegada por el máximo mandatario de los viguetanos, al ya tener acordado el precio con el FC Barcelona y que no iba a gastarse una peseta más. Los jugadores barcelonistas entonces amenazaron al presidente que si no cobraban no iban a ver a Zamora, con la incredulidad del dirigente del Vic.

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Derbi en Les Corts a puerta cerrada

Llegado a la hora del partido y el campo Municipal lleno hasta la bandera por la gran expectación que había generado la presencia del Barcelona y de Zamora, vieron con incredulidad la actitud de los jugadores del Barcelona, ya que estos llegaban hasta las cercanías del meta espanyolista, pero en vez de intentar batirle, daban media vuelta y empezaban de nuevo la jugada, para que el portero no pudiera intervenir durante todo el encuentro. Esta situació encrispó los ánimos de los presentes e invadieron el terreno de juego para intentar agredir a los jugadores barcelonistas que boicoteaban el espectáculo. Gracias a la Guardia Civil la cosa no fue más allá, pero los jugadores culés tuvieron que hacer noche en la capital de Osona y marchar escoltados en tren la mañana siguiente.

PRIMER JUGADOR OLÍMPICO ESPANYOLISTA

Ricardo Zamora tuvo el honor de ser el primer jugador representando al RCD Espanyol en participar en unos Juegos Olímpicos. El Divino que ya participó en Amberes 1920, repitió experiencia en París 1924, aunque esta vez no hubo tanta fortuna, ya que en la primera eliminatoria, los españoles quedaron apeados ante una rácana Italia, donde España jugó más y mejor, pero la desgracia cayó sobre la furia roja. En uno de los contados ataques azurri, el extremo Conti profundiza por banda, hace el centro de la muerte con la “fortuna” que el balón impacta en las piernas del jugador del Arenas de Getxo Vallana y se introduce en la puerta de Zamora.

Reseñar que Zamora durante este encuentro, tuvo que ser atendido cuando en una incursión italiana, Baloncieri entró con todo en un balón dividido chocando bruscamente con el guardameta español y cuando el balón parecía que iba a colarse dentro de la portería española, Vallana evitó bajo palos el gol italiano. Afortunadamente, Zamora pudo seguir hasta el final del choque.

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Italia: De Para,  Rosetta, Calligaris,  Barbieri, Burlando Aliberti, Conti, Baloncieri, Delavalle, Magnozzi y Levratto.

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España: Zamora Vallana, Pasarín, Gamborena, Larraza, Peña, Piera, Samitier, Monjardín, Carmelo y Aguirrezabala.

Goles: 1-0. Vallana en propia puerta.

Árbitro: Mr. Slawick, francés. Expulsó a Larraza por parte de España.

Incidencias: Partido correspondiente a la primera eliminatoria de los Juegos Olímpicos de París el 25 de mayo de 1924 en el Stadium de Colombes, ante 35.000 espectadores, llenando por completo el estadio parisino. El partido se disputó bajo una incesante lluvia.

1928/29: CAMPEONES DE ESPAÑA Y CATALUNYA

La temporada más brillante de Zamora como blanquiazul, sin duda, fue la 1928/29, donde el Espanyol se alzó con la Copa de España y la Copa Catalunya, quedando en ambas competiciones invicto. Destacar las victorias frente al Barcelona, en tres de los cuatro enfrentamientos. Uno de los más importantes fue el disputado en Sarrià, correspondiente al Campeonato de Catalunya, donde el club espanyolista se proclamó matemáticamente campeón.

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RCD ESPANYOL: Zamora, Saprissa, Portas, Trabal, Sole, Tena I, Vantolra, Broto, Tena II, Padron, Bosch.

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FC Barcelona: Vidal, Walter, Saura, Marti, Guzman, Obiols, Sagi, Sastre, Samitier, Arocha, Parera.

Goles: 0-1, Minuto 25, Samitier. 1-1, Minuto 65, Tena II. 2-1: Minuto 77, Broto.

Árbitro: Ramón Melcón, madrileño.

Incidencias: Partido disputado el 25/11/1928 en el Estadio de Sarrià. Correspondiente a la penúltima jornada del Campeonato de Catalunya, donde el Espanyol se proclamó campeón del mismo en esta fecha. El espanyolista Solé erró un penalti con empate a cero en el marcador.

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El Espanyol de la 28/29 era un auténtico equipazo

En este mismo año, nació el Campeonato de Liga, donde el Espanyol fue uno de sus fundadores, junto a nueve equipos más: Athletic, R. Madrid, Barcelona, Racing de Santander, R. Sociedad, Arenas de Getxo, Real Unión de Irún, Atlético de Madrid y Europa.

SU DEBUT EN LIGA

Pese que pueda parecer extraño, Ricardo Zamora no debutó en el Campeonato de Liga hasta la jornada 3, el 24 de febrero de 1929 frente el CD Europa en Sarriá, con victoria blanquiazul por 3 a 1. Lo cierto, es que el Espanyol priorizó la Copa, competición mucho más arraigada que la embrionaria Liga, y por eso reservó al Divino en la primera jornada en detrimento de Cristóbal Solà, y en la segunda jornada Ricardo Zamora sufrió una lesión que le impidió jugar en San Mamés y Solá repitió en la porteria. En el Espanyol jugó un total de 24 partidos de Liga en dos temporadas.

espanyolRCD ESPANYOL: Zamora, Trabal, González, Kaiser, Solé, Tena I, Vantolrá, Tena II, Padrón y Bosch. 

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C.E. Europa: Florenza, Vigueras, Alcoriza, Soligó, Gámiz, Mauricio, Ramonzuelo, Bestit, Cros, Usunaga y Xifreu.

Goles: 1-0: Minuto 3, Broto. 2-0: Minuto 19, Tena II. 3-0: Minuto 27, Padrón. 3-1: Minuto 87, Gámiz.

Árbitro: José Llovera, catalán.

Incidencias: Partido disputado en Sarrià, correspondiente a la tercera jornada de Liga. Tres cuartos de entrada en las gradas, donde los goles están a rebosar, no así la preferencia. El Espanyol falló dos penaltis, ambos lanzados por Perico Solé.

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Imagen del último partido de Liga con el Espanyol de Ricardo Zamora celebrado en el Estadio de Les Corts frente al eterno rival

FICHA POR EL R. MADRID

Si su paso al Espanyol armó un gran revuelo, fue muy superior cuando pasó al Real Madrid, en unas condiciones económicas fabulosas. El equipo de Sarrià volvía a padecer otra de sus grandes crisis. El gran guardameta se fue con el Elche a una gira por Orán y Argel, reforzando al equipo ilicitano. Cuando regresó para incorporarse al Espanyol, don Damián Cañellas, directivo del club blanquiazul, le estaba esperando y le dijo: «Nos vamos a Madrid. Hemos tenido que traspasarte. Estamos a la última pregunta». Cien mil pesetas pasaban a las arcas del Espanyol, pero volvía a irse su gran figura.

El cancerbero barcelonés no firmó su contrato hasta el 16 de septiembre de 1930. Las cifras astronómicas de la operación, hacían complicada la operación. De hecho, el presidente De la Riva, harto de las contínuas ofertas blancas por el portero espanyolista. Durante una reunión en torno a una mesa, con unos brandis y unos buenos cigarros, negoció el traspaso con el presidente blanco Pablo Hernando Coronado exigiendo una cantidad desorbitada por tal de que desengañar los madridistas, pero he aquí que la aceptaron: 100.000 pts por el jugador, y 150.000 para el equipo, más un sueldo mensual de 3.000 pts, una verdadera locura por aquel entonces, como lo demuestra que esta ficha no fue superada hasta dieciocho años más tarde.

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Zamora caricaturizado con unas alas volando hacia Madrid y una maleta llena de dinero. Sin duda, su traspaso causó sensación en aquell época

El conjunto blanco quería hacer un poderoso equipo con los fichajes de Quincoces, Ciricaco, Olivares, Bestit o Ateca, pero el jugador galáctico era Don Ricardo Zamora y su fichaje colmó las aspiraciones madrileñas.  Lo cierto, es que las pretensiones del Divino fueron realmente altísimas siendo el jugador madridista y con diferencia mejor pagado, e igualmente de toda la Liga española.

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Ciriaco, Zamora y Quincoces tres fichajes de lujo para el R. Madrid

Seis temporadas defendió la camiseta blanca, donde ganó 2 Ligas y 2 Copas. Su debut madridista no podía salir peor, ya que en un encuentro regional frente el Atlético de Madrid sufrió una fractura de clavícula, que le dejó apartado de los terrenos de juego prácticamente toda la primera vuelta del campeonato de Liga.

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Zamora retirandose, tras fracturarse la clavícula

Pese a ello, ese año tuvo la feliz notícia de casarse con Rosario de Grasa, una señorita de casa buena que consideraba el fútbol algo bastante vulgar, y siempre tuvo la esperanza de que abandonara su práctica activa. En el año 1933 nacía en Madrid su hijo Ricardo Zamora de Grasa, que siguió los pasos de su padre, aunque muy lejos siempre del inalcanzable Divino. En ese misma temporada, tras la lesión se dedicó a escribir sus memorias (con 29 años, recordémoslo), “Diez años defendiendo la meta española”, que salió publicado por capítulos en el periódico ABC.

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Zamora posando con su mujer y su hijo recién nacido

La temporada siguiente —temporada 31-32— ganaron el Campeonato de Liga, quedando invictos durante todo el campeonato. En la siguiente temporada, coincidió con Ricardo Zamora en el conjunto madridista, su gran amigo y mito barcelonista, Pep Samitier.

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Zamora en Sarrià, esta vez como rival

Los merengues empezaron a cimentar su leyenda, curiosamente sobre dos jugadores que coincidieron en el FC Barcelona y por bien poco no lo hicieron en el Espanyol, cuando De la Riva fichó a Zamora, ya que la intención del dirigente blanquiazul era llevarse a los dos cracks al equipo de Sarrià. Ese año el cuadro blanco también se adjudicó la Liga, hecho que no lograría más hasta la llegada del legendario Di Stéfano. En 1934, el Real Madrid se adjudica la Copa, tras 17 años de espera.

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El R. Madrid de la temporada 1933/34, con Zamora y Samitier

Zamora jugó el y el 21 de junio de 1936 su último partido como profesional. Fue en Valencia a raíz de la final del Campeonato de España en que se enfrentaban el Real Madrid y el Barcelona. Ganó el Madrid por 2-1 y Ricardo Zamora realizó su última gran parada. Eran los últimos minutos del partido. Vantolrá burló a Lecue y engañó a Quincoces, centro en corto, suave, Raich dejó ir la pelota a Escolà, situado frente ante Zamora. Escolá no se precipitó, porque no tenía adversarios y estaba a cinco metros. Miró hacia Zamora y aquel impulso salvó al Madrid. Al mismo tiempo que salía el disparo raso y violento, el guardameta blanco se lanzaba contra el suelo. Entre el polvo levantado por la pelota y la caída no se vio dónde estaba el balón. Pero Zamora se levantó con él en los brazos.

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La parada imposible de Zamora a tiro de Escolà

Su maravillosa intuición habla previsto hacia dónde saldría el remate, imposible de evitar de otro modo. Era la última de sus magistrales intervenciones. Fue su despedida y se coronó campeón de Copa por quinta vez en su carrera deportiva.

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Zamora despedido a hombros tras su brillante actuación

 MUNDIAL 1934

España se clasifica para la cita italiana. Aquel mundial se disputó por eliminatoria directa desde los Octavos de Final en adelante. España quedó emparejada con Brasil en dicha ronda. En partido disputado el 27 de mayo de 1934 en el estadio Luigi Ferraris de Génova, España le dió un repaso a los brasileños (3-1), con dos goles de Lángara y uno de Iragorri de penalti en el primer tiempo. En el segundo, Leónidas recortó distancias y Zamora evitó sufrimientos al final deteniendo un penalti a Valdemar.

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La expedición española en el Albergo Savoia de Milán

Quedará para la historia aquellos cuartos de final entre Italia y España. El futbol de España era muy superior al de Italia, pero aquel partido había de ganarlo la selección azzurra, como fuera. Italia como anfitriona y en plena ebullición de los nacionalismos exacerbados, el partido fue tomado como una causa patriótica para los transalpinos. La presión en las gradas eran infernales y la dureza italiana es recordada como una de las más violentas de unos Mundiales. Los italianos se emplearon con una fuerza desmedida y los árbitros les dejaron hacer. Fue un continuo rosario de patadas, puñetazos y agarrones, que, entre otros, le costó a Ricardo Zamora, acabar con dos costillas rotas. Siete fueron los lesionados de España en aquel partido que acabó en el tiempo reglamentario con un milagroso resultado de 1-1. A los españoles les anularon dos goles legales a todas luces y aún así, España logró avanzarse gracias a Regueiro, pero ya finalizando el partido, y mientras un delantero italiano remataba, a Zamora, el portero español, le sujetaron las manos para que no pudiera pararlo. Como era de esperar, el árbitro miró a otro lado. Tras dos prórrogas, el marcador quedó invariable. Por lo que hubo de jugarse un partido de desempate al día siguiente.

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Combi y Zamora saludándose antes de iniciar el partido

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Italia: Combi; Monzeglio, Allemandi; Pizziolo, Monti, Castellazzi; Ferrari, Guaita, Schiavio, Meazza, Orsi.

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España: Zamora, Ciriaco, Quincoces, Cilaurren, Fede, Luís Regueiro, Muguerza, Gorostiza, Iraragorri, Lafuente y Lángara.

Árbitro: Louis Baert (Bélgica).

Goles: 0-1 (30’): Regueiro. 1-1 (44′): Ferrari.

Incidencias: Partido celebrado el 31/05/1934, correspondiente a los cuartos de Final del Mundial de Italia 1934, disputado en el Estadio Comunale Giovanni Berta de Florencia, con 35 mil espectadores en las gradas. El día siguiente se realizó el partido de desempate, para dilucidar el semifinalista.

Vídeo del Italia-España

España llegó a ese partido con sólo 11 de los 22 jugadores que se llevó a Italia. 7 de sus titulares no pudieron jugarlo, entre ellos su portero, Ricardo Zamora, y su delantero goleador, Isidro Lángara. Y en aquel segundo partido volvió a ocurrir lo mismo. Una lucha sin cuartel. Al portero español volvieron a sujetarlo mientras Italia marcaba su único gol y a España le anularon dos goles claramente legales. El partido acabó con 1-0 para los italianos, y España, la mejor España que ha jugado un Mundial, quedó eliminada en cuartos, empezando a crear el mito de los fatídicos cuartos de final. De aquel partido, España se trajo otros 4 lesionados más, y como demostración de la parcialidad de los árbitros, éstos, tanto los del primer partido, como los del segundo. De hecho, el colegiado suizo Rene Marcet, árbitro del segundo choque, fue inhabilitado de por vida por su Federación.

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Instantánea del gol de Meazza, en el partido de desempate, hubo falta previa al portero suplente español,  Juan José Nogués.

A Zamora se le llamó el «Gran Ricardo», luego fue el «Unico» y a raíz de los Mundiales de 1934, en la prestigiosa revista argentina, «El Gráfico» publicaba una fotografía a todo color, extraordinaria, soberbia, magnífica, del mejor portero de fútbol de todos los tiempos. El pie, escueto, era de lo más definitivo, decía así: «Ricardo Zamora, EL DIVINO».

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Su actuación en el Mundial de  Italia de 1934, le hizo ganarse el sobrenombre de El Divino

CINCO TÍTULOS DE COPA Y DOS DE LIGA

El palmarés de Zamora como jugador, fue el nada desdeñable de 2 títulos de Liga, ambos con el R. Madrid y 5 de Copa. En 1920 fue campeón con el F. C. Barcelona. La final la jugaron en Gijón el día 2 de mayo, contra el Athletic de Bilbao, ganando el Barcelona por 2-0, con el siguiente equipo: Zamora, Coma, Galicia, Torralba, Sancho, Samitier, Viñals, Sesumaga, Martínez, Alcántara y Plaza.

Volvió a ser campeón en 1922, el 14 de mayo, en Vigo, contra el Real Unión de Irún, ganando el E C. Barcelona por 5-1 con Zamora, Planas, Surroca, Torralba, Sancho, Samitier, Piera, Martínez. Gracia, Alcántara y Sagibarba.

Su tercer Campeonato lo alcanzó el 3 de febrero de 1929, en Mestalla, defendiendo la meta del R. C. D. Espanyol, en su partido final contra el Real Madrid. El Espanyol se proclamó, por primera vez en su historia, campeón de la Copa de España. Fue un partido sobre un autentico barrizal, hecho que condicionó y mucho el juego de ambos equipos, dicha final fue conocida, como la Final del Agua o la Laguna.

Se impuso el cuadro blanquiazul sobre el Real Madrid por 2-1. Más de 4.000 españolistas se dieron cita en la ciudad levantina para animar a su Espanyol. Los goles del Espanyol los marcaron Tena II y Bosch, por el Madrid Lazcano. El recibimiento que la ciudad de Barcelona realizó al Espanyol fué apoteósico, en especial en la Plaza de Sant Jaume donde fueron recibidos por el alcalde de la Ciudad Condal.

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Formación del RCD Espanyol en la Final de Copa de 1929

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 RCD ESPANYOL: Zamora, Saprissa. González, Trabal, Solé, Kaiser, Vantolrá, Broto, F. Tena, Padrón y Bosch.

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R. Madrid: Cabo, Quesada, Urquizu, Prats, Esparza, Peña, Lazcano, Triana, Rubio, Morera i López.

Goles: 1-0: Minuto 55, Tena II. 2-0: Minuto 70, Bosch. 2-1: Minuto 75, Lazcano.

Árbitro: Pelayo Serrano, vizcaíno. Expulsó a González, Tena II y a Broto por parte del Espanyol, y a Triana y Rubio por parte del Madrid.

Incidencias: Partido celebrado el 03/02/1929 en el Estadio de Mestalla de Valencia, correspondiente a la Final de Copa de España. El partido estuvo marcado por la incesante lluvia. Unos 4 mil pericos se desplazaron a la ciudad del Turia, por unos 8 mil madridistas. El portero Cabo paró un penalti  a González en el minuto 3 de juego.

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Foto de los capitanes: Zamora (Espanyol) y Quesada (R. Madrid)

Nuevamente fue campeón contra el Valencia F. C., esta vez en Montjuich, y jugando con el Real Madrid, el día 6 de mayo de 1934, ganando por 2-1 al equipo valenciano, que por primera vez disputaba una final de Campeonato de España. El equipo madridista alineó a Zamora, Ciriaco, Quincoces, P. Regueiro, Bonet, León. Lazcano, L. Regueiro, Samitier, Hilario y Eugenio.

Y su último titulo de Copa lo logró con el Real Madrid el día 21 de junio de 1936, en Mestalla, jugando contra el F. C. Barcelona, a quien vencieron por 2-1. Curiosamente coincidió con su último partido como futbolista profesional. El R. Madrid formó con el siguiente equipo: Zamora, Cinaco, Quincoces, P. Regueiro, Bonet, Sauto, Eugenio, L. Regueiro, Sañudo, Lecue y Emilin.

INTERNACIONAL INDISCUTIBLE

Ricardo Zamora jugó 46 encuentros con la selección española. Veintiuno en España y 25 más allá de nuestras fronteras. Le marcaron 40 goles y   en 21 partidos no consiguieron batir su meta, En Londres, jugando contra Inglaterra le marcaron siete goles. Ha sido esta la más gran derrota de España en un partido internacional y la mayor goleada de su vida deportiva internacional. Ha sido el único portero español que resistió nada menos que diez años consecutivos sin ceder su plaza a ningún otro jugador en lo que atañe exclusivamente a la selección absoluta. Los diversos seleccionadores que tuvo nuestro fútbol en esa década siempre recurrieron al excepcional portero catalán. Unicamente para los compromisos de la selección en mayo de 1927, frente a Portugal, se recurrió a Guillermo Eizaguirre y en la Olimpíada de Amsterdam de 1928, frente a las selecciones de México e Italia (ésta dos veces), se echó mano de Jáuregui porque el profesionalismo había empezado a implantarse en nuestro país y Zamora fue de los primeros en suscribir ficha como profesional.

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Zamora en un encuentro con España frente a Portugal en 1929

Zamora siguió siendo el guardameta de la selección absoluta hasta que en 1930 —diez años después de Amberes— para un Portugal España, en Oporto, que acabó con el triunfo español por 1-0, tanto marcado por José María Peña, el gran Ricardo cedió su casi vitalicio puesto al bilbaíno Blasco. La segunda tendría lugar el 13 de diciembre de 1931, en Dublín, partido contra Irlanda, que se ganó por 0-5, porque cuatro días antes, en Londres, España había encajado, con Zamora en la puerta, la goleada más fuerte de todo su historial: 7-1. Fue la tarde negra de Zamora, aunque él confesó que jugó dicho encuentro en malas condiciones al tener molestias en la rodilla, pero por contrato debía de jugar ese encuentro en Lonres. En el embarrado estadio de Highbuty, los «pross» se desquitaron cumplidamente de aquel 4-3 histórico, que una tarde calurosa del mes de mayo, en el desaparecido estadio Metropolitano, de Madrid, les endosara España y que constituyó la primera derrota de la selección inglesa en el continente.

La despedida del «Divino» Zamora como portero nacional, su actuación número 46, fue frente a Alemania, en Barcelona, en febrero de 1936. Se perdió por 1-2; el gol hispano fue obra de Luis Regueiro. Zamora decía adiós a una trayectoría brillantísima. Durante dieciséis años había sido el único jugador español que había mantenido perennemente su prestigio de indiscutible y superdotado. En esos 16 años sólo permitió que otros tres porteros tuviesen acceso al equipo nacional: Blasco, en cinco; Guillermo Eizaguirre, en tres, y el barcelonista Nogués, en una. Jugó nueve partidos contra Italia, nueve contra Portugal, seis contra Francia, tres contra Bélgica, dos contra Austria, Hungría, Checoslovaquia, Suiza, Inglaterra y Yugoslavia, y uno contra Dinamarca, Suecia, Holanda, Bulgaria, Brasil y Alemania.

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Poster del homenaje realizado al Divino en 1934

LA GUERRA CIVIL 

Tanta era su fama mundial que cuando se proclamó la II República el 1931, le informaron al dictador soviético Josef Stalin de que Zamora (Niceto Alcalá-Zamora) había sido proclamado nueva cabeza de gobierno, exclamó: “Ah, el futbolista”. Zamora tenía una fuerte vocación por la escritura, y tras sus memorias en el ABC quiso ir un paso más allá integrando la plantilla fundadora del diario YA, perteneciente a Editorial Católica (de hecho era uno de los grandes reclamos de la nueva cabecera, no era sino una escisión del diario El Debate de Madrid, donde se dedicaba a la crónica deportiva junto con Juan Peñafiel Alcázar. Su primer escrito fue una crítica del partido Madrid-Sevilla del 15 de febrero de 1935 en que él mismo jugó (no se hizo una crítica personal, lo dejó en manos de su compañero de diario). A las aulas de periodismo del Debate coincidió con grandes profesionales del periodismo como Emilio Attard, Pedro Gómez Aparicio, Bartolomé Mostaza, Ramón Ferrando Llácer, Dionisio Ridruejo, Cortés Cavanillas, Ramón Melcón, Aquilio Morcillo y Sánchez Silva. La vinculación con el Ya lo trajo graves dolores de cabeza por su línea católica y de exaltación contra los elementos más revolucionarios del Frente Popular.

Tras estallar la Guerra Civil, Zamora hubo de enfrentarse con otros graves dolores de cabeza. Fue detenido y encarcelado a la Modelo de Madrid con la acusación de católico y monárquico; estuvo muchos meses, con un gobierno republicano que no hubiera podido resistir ver como todo un símbolo como Zamora podía cruzar las líneas enemigas y ser utilizado como propaganda por los nacionales. Curiosamente, meses antes, en el mismo año 1936, en un partido amistoso España-Alemania en Montjuic, y tras ver los once germanos haciendo el saludo nazi mientras sonaba el himno del III Reich. Ricardo, indignado, cuando empezaron los acordes del himno de Riego, levantó su puño izquierdo y lo vivió con intensidad, esa imagen fue utilizada con fines propagandísticos por los republicanos.

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El saludo nazi que enfureció a Zamora realizado en Montjuic

Una buena muestra que Zamora no simpatizaba con el Régimen Republicano, a pesar de su gesto frente a la selección alemana, fue tras la celebración del título de Copa frente al Barcelona, el 21 de junio de 1936. En la cena de celebración Zamora acaba su discurso con un: “¡Viva Valencia (donde se disputó la Final), el Madrid y España!”, un periodista añadió: “Y viva la República también”, a lo que Zamora guardó un escrupuloso silencio. La guerra civil que empezó un mes después truncó sus ilusiones.

Tras estallar la Guerra Civil, el mito fue encarcelado, dicha acción hizo levantarse una campaña internacional en pro de la liberación del ídolo, incluso los nacionales hicieron correr la voz de que se le había fusilado por tal de hacer propaganda, pero todo fue infructuoso hasta que en un partido entre las selecciones catalana y valenciana sus compañeros de profesión hacen una protesta ante de las autoridades republicanas, y consiguen junto con la mediación del escritor y activista anarco-sindicalista Pedro Luis de Gálvez, logró el indulto al futbolista, salvándole la vida. Ricardo tuvo fortuna de salir de la Modelo de Madrid poco antes de una saca que se saldó con casi tres mil muertes, como reflejó Rafael Luca de Tena, que explicó en uno de los sus escritos como Ricardo Zamora y Monchín Triana (jugador también del Madrid que fue fusilado) organizaron partidos de fútbol en el interior de la prisión. Una vez concedido el permiso para exiliarse en Francia vía puerto de València, llega a Marsella con la excusa de fichar por el equipo local, pero no era más que una tapadera para marchar a Niza y reencontrarse con su entrenador, que no era otro que su gran amigo Pepe Samitier. Años más tarde, Zamora ya en España de nuevo, intentó devolverle el favor sin éxito a Pedro Luis de Gálvez, al ser condenado a muerte en el año 1940 por el asesinato de Pedro Muñoz Seca, para que pudiera refugiarse en la embajada argentina con su familia.

SE CONVIERTE EN ENTRENADOR

Zamora ya integrado como profesional del periodismo en el diario YA y también en el diario Marca, donde firmaba como Amoraz. Mientras seguía como profesional, se reanuda la restaurada Copa de España (rebautizada como del Generalísimo), recibe una oferta para entrenar al Atlético de Aviación por parte de sus gestores, el coronel Abeja, el teniente González Conticosa y el teniente Salamanca. El genio barcelonés debutó en esta nueva tarea ganando al Recuperación de Levante por 3 a 2 en partido jugado en Barcelona. Entrena a los colchoneros durante siete temporadas, donde convirtió a un equipo poco más bien mediocre en toda una escuadra campeona, ganando las ligas del 1940 y 1941, con la famosa defensa del Telón de Acero formada por Riera, Silva y Aparicio.

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Retrato de Zamora

En 1946 ficha por Celta de Vigo, donde milita tres temporadas y tras un breve parentesis como entrenador del Màlaga, como seleccionador nacional, fue director técnico de La Salle de Caracas, y ocupó también el cargo de seleccionador venezolano. Vuelve a Vigo, en una segunda etapa de 1953 a 1955. Estas contínuas obligaciones profesionales, obligó a Zamora a dejar a su mujer viviendo en Madrid y a su hijo internado en Salamanca (equipo con el cual jugó, como también lo hizo con el Atlético de Madrid, Espanyol, Valencia, con quien ganó la Copa de Ferias de 1966, y Mallorca).

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Samitier y Zamora dos viejos amigos, fuera y dentro del campo

UN ZAMORA DE CINE

Su mito incluso traspasó el mero ámbito deportivo. Su popularidad como futbolista le permitió hacer incursiones en el séptimo arte. Como jugador rodó a manos de José Fernández Caireles, protagonizó una película llamada «Por fin se casa Zamora» en 1927 y una vez acabada su carrera como portero, en 1942, fue actor y protagonista de la película “Campeones“. Su papel era el de un entrenador de fútbol. Junto a él aparecían otros dos futbolistas muy famosos en aquel momento: Jacinto Quincoces, del Real Madrid, y Gorostiza, del Athletic de Bilbao. Asi mismo, formó parte del reparto de la película “Once pares de botas“, en 1954, donde también actuó su buen amigo Pepe Samitier.

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Zamora como actor en “Campeones”

VUELVE A CASA

Tras 25 años alejado de su Espanyol, vuelve a la casa blanquiazul al aceptar su propuesta, primero como entrenador, más tarde como secretario técnico y posteriormente como relaciones públicas. Ya no marchó de Barcelona, entre otras cosas porque encontró la compañera de su vida, Pilar Galdeano, vedette del Molino, con la cual se casa el 27 de septiembre de 1967, una vez muerta su mujer legal, tras llevar con la mayor discreción posible esta relación extramarital, que era un secreto a voces que la prensa silenció por respeto a quien la protagonizaba.

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Zamora, técnico del Espanyol, charlando con sus jugadores

Aquel mismo año 1967, el 27 de septiembre, vio también como el fútbol mundial le rendía homenaje con motivo de su 65 aniversario, era el segundo que recibía, ya que el primero fue el 20 de diciembre de 1934. El de 1967, se celebró en Madrid, en la que una selección española se enfrentó a un fuerte conglomerado internacional en la que figuraba un gran admirador de Zamora y que también como el «gran Ricardo» fue un maravilloso guardameta. Nos referimos a Lev Yashine, el portero soviético, que después del partido manifestaría que había tenido la satisfacción más grande de su vida al poder abrazar a su ídolo, Zamora.

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Zamora junto a Gallego, en el homenaje al Divino en el Bernabeu

 Zamora y su segundo, Pepe Espada, salvaron al equipo a la liguilla de descenso en 1955, recién llegados al banquillo espanyolista sustituyendo a otro legendario entrenador del club, Alejandro Scopelli. En esta época coincide con su hijo Ricardo Jr.; la titularidad de su hijo en detrimento del gran Vicente Traín “El Grapas”, enrarece el ambiente y el club decide traspasar al hijo del mito, para calmar los ánimos de la gente. El equipo vuelve a una Final de Copa 10 años después de su última aparición, donde lamentablemente se pierde la Final frente al FC Barcelona en Montjuic por 1 a 0. En la temporada 1957-1958 Zamora dejó el banquillo a Berski y ocupó la secretaría técnica.

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Zamora tras el choque de la Final de Copa en Montjuic

 MARCA INSTAURA EL PREMIO RICARDO ZAMORA

El año 1958 el diario Marca, en reconocimiento a su figura, instaura el premio que lleva su nombre al portero menos goleado de la Liga española. El 1963 simultaneó su participación al diario Ya con La Vanguardia.

Zamora recibió asimismo varios galardones individuales durante su carrera deportiva. En 1934 recibió la Orden del Mérito de parte de Niceto Alcalá-Zamora, y en 1950 fue condecorado por Francisco Franco con la Gran Cruz de la Orden de Cisneros. A título póstumo, recibió la Medalla de Oro al Mérito Deportivo a finales de los años 70.

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El premio al portero menos goleado lleva el nombre de “Zamora”

En la temporada 1960/61 vuelve a sentarse en el banquillo espanyolista para volver a sacar el equipo de una situación delicada, como le sucede en la temporada siguiente, donde forma tandem con otro mito espanyolista, Julián Arcas, viven su momento más amargo en el mundo del futbol, el descenso del RCD Espanyol por primera vez en la historia, fue en la promoción frente el Valladorlid. Don Ricardo, ese día lloró como pocas veces había hecho.

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Zamora, deshecho, tras el descenso en Valladolid

En 1970 actualizó por el mismo ABC aquellas memorias que había escrito el año 1930. Desgraciadamente, una operación de hígado lo dejó muy tocado hasta el fin de su vida. Su último gran acto público, fue cuando fue denominado Socio de Honor del RCD Espanyol por parte de la Agrupación de Veteranos del club blanquiazul presidida por Francisco Muro.

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Zamora con Gento en el hospital, Miguel Muñoz detrás

ADIÓS A DON RICARDO ZAMORA

El 08 de septiembre de 1978, Ricardo Zamora Martínez nos dejó a la edad de 77 años. La despedida a la leyenda fue digna de un Jefe de Estado, todo el mundo, no sólo el futbolístico, quiso decir su último adiós al mitíco portero barcelonés. El sepelio fue establecido en el antepalco del Estadio de Sarrià y multitud de personalidades se dieron cita, encabezados por el President de la Generalitat, El Molt Honorable, Josep Tarradellas, y el presidente del RCD Espanyol, Manuel Meler, a banda, obviamente de la família, su segunda mujer Pilar Galdeano y su hijo Ricardo.  El féretro fue llevado hasta el coche fúnebre por los ex jugadores blanquiazules Santiago Schilt, Julián Arcas, Cata, Bertomeu y Vera y por el ex entrenador del club blanquiazul José Emilio Santamaría.

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El Molt Honorable Tarradellas dando el último adiós a Zamora

En febrero de 2003 murió su heredero, Ricardo Zamora de Grasa, con quien acababa la alcurnia deportiva y también periodística de quien fue ídolo de gente tan dispar como Camilo José Cela (que lo bautizó cómo el Picasso del fútbol), Salvador Dalí o Stalin. Desde el 10 de julio de 2003, el mítico portero tiene un plaza con su nombre en la ciudad Condal, en el barrio de Sarrià, cerca del ya desaparecido Estadio de Sarrià.

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La plaza Ricardo Zamora en las cercanías de Sarrià

 

ESTADISTICAS DE RICARDO ZAMORA

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* Esta temporada militó en el Universitari, pero al final de la misma jugó una gira con el RCD Espanyol por España, antes de fichar oficialmente.

INTERNACIONALIDADES DE ZAMORA CON LA SELECCIÓN ESPAÑOLA REPRESENTANDO AL  RCD ESPANYOL 

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VIDEO DE RICARDO ZAMORA

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Bibliografía: Xavier Boró, Mundo Deportivo, Libros historia RCD Espanyol, Libro 75 aniversario R. Madrid y El País.

Fotos: Libros historia RCD Espanyol, Libro 75 aniversario R. Madrid y Mundo Deportivo.


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